Gramáticas de la temporalidad

GRAMÁTICAS DE LA TEMPORALIDAD

Comisarios: Isabel Durante, Ana García Alarcón, Miguel Ángel Hernández (1erEscalón)

La Conservera

Del 15 de enero al 27 de marzo de 2016

En los últimos años, el tiempo se ha convertido en uno de los problemas centrales del arte contemporáneo y en una herramienta primordial para pensar la sociedad actual. Aunque dicha dimensión es fundamental en la reflexión artística desde sus inicios, desde la década pasada son muchos los artistas que han comenzado a problematizar, reflexionar y volver a pensar sobre las diferentes modalidades en que la temporalidad configura la obra de arte: memoria, presencia del pasado en el presente, futuro roto, tiempo alterado, tiempo suspendido, aceleración…, a través de las más variadas estrategias y disciplinas, un gran número de artistas contemporáneos cuestionan la temporalidad hegemónica del presente, desfigurando, transformando y proponiendo alternativas a la experiencia del tiempo de la modernidad, el tiempo estandarizado, maquinizado y “monocrónico” que se instauró en la sociedad industrial. Frente a este tiempo lineal capitalizado, los artistas de esta exposición despliegan unas gramáticas de la temporalidad que en todos los casos nos hacen conscientes del paso del tiempo y de la complejidad de la experiencia. Dicha reflexión se relaciona de varias maneras con las ideas del filósofo alemán Reinhart Koselleck, quien en sus trabajos sobre los estratos del tiempo observó los modos en los que los tiempos se corresponden, tocan y articulan. Pasado, presente y futuro no son instancias separadas, sino que están en constante contacto. El arte puede servirnos para pensar los modos en que pasado, presente y futuro se articulan. Y al revés, la articulación del tiempo es una herramienta de lectura privilegiada para dar cuenta de la realidad del arte avanzado.

Espacio 1. Pasados interrumpidos/ Memorias a destiempo

Uno de los lugares fundamentales de esta articulación tiene que ver con los modos en que el pasado y el presente se entrelazan. Bajo el epígrafe Pasados interrumpidos/Memorias a destiempo, este espacio reúne obras que reflexionan sobre la memoria, la presencia del pasado en el presente, la historia, el archivo, el anacronismo, lo obsoleto… la idea de que el rescate del pasado es una manera de frenar la disolución y desmaterialización de la experiencia contemporánea. Las obras se presentan al modo de imágenes dialécticas que conectan temporalidades. Como sugiere Walter Benjamin, “En la imagen dialéctica, lo que fue en una época concreta es, al tiempo, «lo-sido-desde-siempre». Cierto que en consecuencia, a cada vez, sólo se hace visible a ojos de una época totalmente concreta: a saber, esa misma en que la humanidad, tras haberse frotado bien los ojos, viene a reconocer exactamente esa imagen del sueño como tal. Y así el historiador, en ese instante, da inicio con ella a la tarea de interpretación de los sueños.”

El trabajo sobre el cine analógico y las tecnologías obsoletas es la clave de la propuesta de Salvi Vivancos, que construye un dispositivo fílmico que emula la tecnología cinematográfica del pasado y que dialoga con una imagen fija proyectada en otro artilugio obsoleto como es un proyector diapositivas. Los tiempos se tocan y se retuercen. El presente se proyecta hacia el pasado para rescatar y activar una tecnología, y un imaginario (una memoria) que había quedado en el olvido. A esa activación contribuye la sombra del espectador, que mancha la imagen y acaba formando parte de ese torbellino de tiempo que pone en marcha la memoria.

Un día cualquiera, la propuesta de Sonia Navarro también parte de la fusión y el contacto de presente y pasado, tanto a nivel material como conceptual. Unos lienzos en los que se ha positivado una fotografía antigua que presenta un fragmento de ciudad o paisaje desaparecido es intervenido a través de la sutura con los habituales patrones de costura que la artista suele utilizar en sus obras. Una artesanía que en sí es obsoleta, el bordado, se proyecta sobre el pasado para atarlo y anclarlo al presente. Un anudamiento de tiempos y de memorias, que una vez más, en lugar de constituir un mero recuerdo pasivo del tiempo pasado es un modo de hacerlo útil para el presente.

El rescate del pasado olvidado es también la clave de Bridge, la intervención de Concha Martínez Barreto. Partiendo de una fotografía encontrada que la artista prefiere no desvelar, se realiza un dibujo que muestra tan sólo un pequeño fragmento de esa imagen misteriosa y la maqueta un puente y un edificio ruinoso que conecta en la distancia con el dibujo. La imagen enmarcada y la escultura dialogan a cierta distancia con el vacío de significado del pasado. Y el puente se aparece en el espacio real casi como una materialización de aquello que el dibujo ha preferido ignorar. Dos modos de visualizar y materializar el pasado que se dan la mano y actúan en el presente.

La materialidad del pasado es el centro de reflexión de todo el trabajo fotográfico y archivístico de Rosell Meseguer. En Memoria recuerdo olvido muestra la documentación fotográfica de una serie de enterramientos judíos que también habían sido olvidados. Como es habitual en sus obras, la fotografía dialoga con los restos materiales del pasado. Piedras que traen literalmente la historia a la sala de exposiciones. Una especie de marcadores que anclan la representación del pasado pero que también funcionan como restos, huellas y reverberaciones de la historia. La artista trabaja a medio camino entre la historia y la arqueología. Una historia y arqueología afectiva, donde el azar, lo subjetivo y el contacto material con el pasado produce eso que Ankersmit llamó “la experiencia histórica sublime”.

Por último, la obra de Tatiana Abellán también intenta traer al presente la historia, en este caso a través de fotografías familiares antiguas que ya han dejado de servir a su propósito original; ya no hay nadie que pueda recordarlas. Como sucede en las piezas más pequeñas del proyecto Fuisteis yo, la artista utiliza el borrado de la imagen como proceso de recuperación de la memoria. La operación es paradójica: dejando un pequeño fragmento de la imagen, en esta ocasión, un pequeño resquicio del rostro, Abellán destruye materialmente algo que ya había sido destruido de hecho, la posibilidad del recuerdo. Y sin embargo, fijando ese punto de imagen, frena el olvido total de la imagen. Una destrucción preservadora que también tiene lugar con los restos del borrado de las fotografías. (la mezcla de disolvente y sales), contenidos en pequeñas botellas que funcionan casi como lacrimarios de imágenes.

gramáticas de la temporalidad - espacio 1

Espacio 1. Vista general de sala

Gramáticas de la temporalidad Sonia Navarro

Espacio 1. Sonia Navarro

Espacio 2. Presentes otros/ Tiempos alterados

En su estudio sobre las formas del tiempo, George Kubler escribió que el presente acontece “cuando el faro está oscuro entre los destellos; es el instante entre el tic y el tac del reloj; es un intervalo vacío y que se desliza para siempre a través del tiempo […] Sin embargo, el instante de la actualidad es todo lo que podemos conocer directamente. El resto del tiempo surge solamente en señales enviadas a nosotros en este instante por innumerables etapas y por portadores inesperados”. En el mundo actual, el presente desaparece. La hipermodernidad, como dice Lipovetsky, elimina el tiempo de los cuerpos, de la espera, el proceso lento en el que todo se espesa y apenas podemos experimentar la densidad del mundo real. Frente a esa disolución, los artistas que se congregan en este espacio despliegan Presentes otros y Tiempos alterados a través de propuestas que trabajan sobre ritmos y experiencias que rompen las lógicas del tiempo moderno: aceleraciones, interrupciones, procesos lentos… alteraciones de esa experiencia temporal que anula a los individuos.

En Forma: sustancia y soporte nº2, Juan Sánchez propone una instalación que transforma la experiencia perceptiva del espectador y que expande el proceso pictórico a las tres dimensiones. Una descomposición de planos y formas pictóricas que se abren en el espacio real, produciendo sombras y reverberaciones de lo pictórico más allá del lienzo. Continuando con la reflexión de trabajos anteriores sobre los modos en que la formas pictóricas se proyectan en el imaginario cotidiano, a medio camino entre la abstracción, lo relacional y lo precario, esta intervención avanza hacia una colisión de temporalidades: el tiempo real del espectador se entrelaza con el tiempo interior de la obra de arte, ahora abierto y expandido. La transparencia y el equilibrio, lo inestable, lo frágil nos hacen conscientes de nuestra presencia en la sala y de nuestro tiempo en el mundo.

También la abstracción es la clave de la propuesta de Gil Munuera. Bajo el título Lente de diamante, el artista presenta una serie de piezas pictóricas que juegan con la reflexión de la luz y sobre todo con la puesta en evidencia del proceso minucioso de acción. Para contemplar los detalles y las fluctuaciones de la forma es necesario un tiempo lento, pausado, casi un detenimiento. El detalle, la sutileza, lo apenas perceptible, en ocasiones incluso lo invisible, requieren una mirada que se demore en la superficie y que, de algún modo, se sincronice con los ritmos en los que fue producida la imagen. La pintura aún como resistencia a los tiempos rápidos del presente.

La cuestión de la lentitud, la alteración de los ritmos capitalizados de la cotidianidad es central en el trabajo de Ramón Lez. Mutaciones, transformaciones muestra a través del vídeo el lento proceso de disolución de figuras sobre hielo. La tinta de la representación figural poco a poco va convirtiéndose en una intervención abstracta. La demora es, una vez más, necesaria para la contemplación del vídeo, que hipnotiza al espectador en la progresiva desolidificación de la representación y lo lleva casi a un estado de duelo por la desaparición. La desmaterialización y la atención a procesos lentos sirven al artista para introducir una experiencia temporal cercana a la de la meditación. Un modo de ser consciente del tiempo.

La toma de conciencia del tiempo presente tiene lugar de un modo también efectivo en la videoinstalación de Fito Conesa. A través de tres proyecciones, Waiting Time, Wasting Time, introduce una reflexión sobre el tiempo de la espera, especialmente sobre ese momento de cuantificación del tiempo cotidiano que tiene lugar cuando nos convertimos en un mero número que aguarda su turno para ser llamado. En esta ocasión, no hay nada más que la espera. Esperamos algo que nunca ocurre. La espera, el tiempo improductivo, es el tiempo expulsado de la contemporaneidad. Esperar es una condena. Casi una especie de infierno de temporalidad.

Por último, la reflexión sobre la temporalidad del presente aparece en la obra de María José Climent a través de la silueta de la violencia. Dialéctica homicida explora los modos en los que nuestro imaginario se construye a través de la huella codificada de la violencia, que configura también el espacio y la arquitectura. La artista propone una reinterpretación afectiva del lenguaje aparentemente neutral y descarnado utilizado por el discurso policial y periodístico. Frente al estandarizado modo incorpóreo de decir e imaginar el crimen, el despliegue de poemas y dibujos y la atención a la arquitectura circundante permiten al espectador reconstruir el crimen e introducir una temporalidad subjetiva que se proyecta espacialmente.

Ramón Lez

Espacio 2. Ramon Lez. Imagen cortesía del artista

 

Espacio 2. Fito Conesa. Imagen cortesía del artista

Espacio 2. Fito Conesa. Imagen cortesía del artista

Espacio 4. Futuros (im)posibles / Comunidades por venir

El tiempo por venir, los modos en que el presente tiende puentes hacia un futuro posible a través de los afectos y el engarce con lo social se encuentra representado en el trabajo de los artistas del espacio 4. Lo político, lo distópico, la posibilidad de cambio de la estructura presente, la utopía, la propuesta de modos alternativos de desarrollo… el arte se transforma aquí en un laboratorio de experiencias tanto para mostrar la posibilidad de un futuro mejor como para ser conscientes de dificultad para cambiar el estado actual de las cosas. Como sugiere Franco Bernardi, es necesario encontrar los modos de salir de un presente que ha roto los vínculos con lo afectivo, y “reestructurar el campo del deseo, cambiar el orden de nuestras expectativas, redefinir la riqueza, es tal vez la más importante de todas las transformaciones sociales.”

La imaginación distópica y la crítica del presente es el centro de la propuesta de Consume ESTO. Con Todo aleatorio, el artista muestra una serie pequeños clips de la realidad cotidiana en la que se dan cita desde la especulación urbanística hasta parajes paradisiacos, una especie de constelación de imágenes que componen un mosaico de posibilidades de escape y de elementos que nos atan al presente corrupto. Un texto, “Todo aleatorio”, comienza la secuencia de imágenes y en pocos segundos todo se convierte efectivamente en aleatorio. Letras y clips se van mezclando y ya no es posible poner un orden entre ellos. El mundo se vuelve contingente. Y, más que eso, sin sentido. Es el espectador quien tiene que recomponer la posibilidad de escape del presente. Un espectador activo, cuya lectura de la obra –como también del mundo– es diferente en cada momento.

La función social de las imágenes y los modos en que nos relacionamos con ellas en el mundo global suponen el centro del trabajo de Clara Boj y Diego Díaz. En este caso, los artistas proponen una especie de ensayo visual construido a través de algunas de las ideas centrales del texto curatorial de la exposición. De ese modo, su instalación dialoga, resume y, al mismo tiempo, activa la exposición. A través de una serie imágenes encadenadas este dispositivo muestra una sucesión de conceptos vinculados con la temporalidad que cambian constantemente de ritmo y van sugiriendo lecturas y asociaciones diferentes en cada momento. A la manera del Atlas Mnemosyne de Warburg, la instalación funciona como un archivo visual del tiempo. Un archivo en movimiento continuo que hace suyas las ideas de temporalidad y contingencia y que explora el impacto de la globalización y las tecnologías de producción de imaginario y los modos en que la imagen contemporánea se ha expandido a todos los lugares de la cotidianidad.

Outer Seed Shadow, la intervención de Juanli Carrión, se adentra en una visión ecológica de la práctica artística. Cercano a algunas propuestas de la estética relacional, Carrión construye un jardín –mejor, un huerto– en la sala de exposiciones. La obra de arte tiene el propósito de alimentar la percepción a través de los colores, pero también, en un estado hipotético, los cuerpos. La reflexión sobre la naturaleza no se encuentra sólo en la intervención literal el jardín-huerto, sino también en la serie de dibujos en la que lo natural aparece mediado por el lenguaje (la letra y el trazo del dibujo acaban siendo la misma cosa) por medio de una especie de escritura-dibujo que describe lo que muestra. El discurso escritural-figurativo, la experiencia perceptiva y la proposición de un proceso en torno a la posibilidad real del arte como lugar de encuentro, convierten esta pieza en una especie de metáfora de la propuesta del arte de futuros alternativos que, paradójicamente, hallan su fuerza en pasados que luchan por sobrevivir.

La cuestión del lenguaje –la necesidad de ser consciente del paso del tiempo y verbalizarlo– es una de las herramientas de la instalación de Juan Antonio Cerezuela. Guion basado en una relación espacio-temporal documentada desarrolla una secuencia de textos que aluden a los modos en que lo afectivo se articula espacio-temporalmente. La afectividad, sin duda, es la clave de gran parte de las reflexiones acerca de las comunidades por venir. El vínculo social, el lazo emocional, opera aquí casi como una política de los afectos en la que el tiempo, su paso y su huella, es un elemento esencial. El despliegue de esa relación en el espacio de la exposición y su conexión con marcadores temporales que anclan la relación en momentos concretos puede leerse, a la luz de la cita de Bifo que utilizábamos anteriormente, como una clara reestructuración del campo del deseo.

Juanli Carrión La Conservera

Espacio 4. Vista de la sala. Imagen cortesía de Juanli Carrión

Clara Boj y Diego Díaz

Espacio 4. Clara Boj y Diego Díaz. Imagen cortesía de los artistas

 

 

 

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Acerca de anagalarcon

Doctora en Historia del Arte, investigadora y comisaría independiente.

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