Entre la realidad y la ficción… ponencia para el I Congreso I. de Arte y Sociedad

Ponencia para el I Congreso Internacional sobre Arte y Sociedad

Del 3 al 19 de octubre de 2011

Publicado en las Actas del Congreso: “Entre la realidad y la ficción: apropiaciones de estrategias publicitarias de la iconosfera contemporánea en el arte español actual”. Actas del I Congreso Internacional de Arte y Sociedad; Área de Filosofía del Derecho, Universidad de Málaga, octubre de 2011. ISBN-13: 978-84-694-9295-6.

PONENCIA

Entre la realidad y la ficción:

Apropiaciones de estrategias publicitarias de la iconosfera contemporánea en el arte español actual

 

Ana García Alarcón

Universidad Complutense de Madrid

Departamento de Historia del Arte III

anagalarcon@yahoo.es

RESUMEN: 

Artes visuales y publicidad, desde finales del siglo XIX, van de la mano. El cambio paulatino de la sociedad del momento ha ido transfigurando estas relaciones y estableciendo nuevos lazos y visiones llegando a convertirse, incluso, en objeto de apropiación, descontextualización y crítica al sistema imperante, donde los medios de comunicación y sus estrategias han tomado un gran protagonismo e incluso nos han llegado a abordar invadiendo nuestra intimidad, lanzándonos mensajes directos hacia nuevos hábitos de consumo. Esta situación, plantea a los creadores a entrar de lleno en sus prácticas, incluso a usurpar sus formas, canales y herramientas creando nuevos mensajes no publicitarios desde contextos  publicitarios. ¿Dónde se encuentra la barrera entre realidad y ficción?

Palabras clave: Apropiacionismo, arte actual, mass media, publicidad, consumo, sociedad.

 

 

Introducción: una breve contextualización del apropiacionismo de las estrategias publicitarias y los mass media

No podemos ignorar las relaciones existentes (e implícitas en el imaginario visual) entre arte y publicidad desde el nacimiento de esta última[1]. Todo un recorrido que podemos comenzar a finales del siglo XIX con los cartelistas franceses, continuando con el momento de las vanguardias[2], pasando por la neovanguardia y la posmodernidad[3], hasta llegar hasta nuestros días[4].

Los inicios de la industria publicitaria nos llevan a la era de la reproductividad técnica y a la invención de las primeros avances vinculados a la imprenta. Unos primeros panfletos que distan bastante de lo que hoy conocemos como campañas o estrategias publicitarias, el cartel moderno de la mano de creadores franceses como Chéret o Tolouse-Lautrec dan un paso más. Chéret hizo grandes contribuciones a este género incorporando el gran formato (gracias a las aportaciones de la industria litográfica) y un vibrante colorido. Pronto los creadores se sintieron atraídos por las nuevas oportunidades que ofrecía este nuevo soporte. Creadores de las vanguardias se asomaron a retratar una sociedad moderna donde el cartel comenzaba a formar parte del paisaje urbano, pero también colaboraron con empresas y marcas en la invención de la imagen de sus productos. Ya en 1906 Marquet nos muestra su acercamiento a la vida moderna y la sociedad de su tiempo en Carteles de Trouville. El cubismo desfragmenta imágenes pertenecientes a marcas reconocibles del momento y las inserta en sus cuadros[5], los futuristas continúan esta técnica del collage con imágenes publicitarias y los constructivistas, pioneros del diseño industrial, elaboraron carteles al servicio de la revolución[6]. Los fotomontajes surrealistas fueron de suma importancia, reflejaban esta sociedad moderna creciente (Grosz, Metrópolis, 1916-17), el ir y venir de una ciudad cosmopolita, repleta de carteles, luminosos y anuncios invadiendo la ciudad. Incluso llegaron a crear productos ficticios como Belle Haleine, eau de violette (Marcel Duchamp, 1921). Duchamp se apropia de un objeto de consumo como es un perfume para crear su propio objeto, con su imagen, con la imagen de su alter ego Rrose Selavy. Concepto que Francesco Vezzoli retoma en el año 2009 para crear su perfume[7], al que acompaña de un spot que aparentemente es real, aunque nos narra la ficción, la propia irrealidad y fantasía del artista, unido al mundo y la sociedad del momento, a la lucha por conseguir a cualquier precio un objeto deseado representado en una fragancia de alta cultura.

Los años cincuenta y sesenta constituyen un paso más en la apropiación y en la inserción de las artes visuales en los medios de comunicación, las estrategias publicitarias y, sobre todo, la sociedad de consumo. Artistas neodadás y del Pop Art retoman los ready mades de Duchamp adoptando nuevos lenguajes artísticos adaptados a la sociedad del momento: una sociedad americana capitalista, donde prima el consumo. Dentro de esta época, como antecedente de mi tema de estudio, Andy Warhol se convierte en pieza fundamental, un artista que llega a convertirse en firma, en marca, su nombre representa todo un imaginario de ideales no sólo ligados a su personalidad artística sino también a sus hábitos de vida[8]. Los objetos de consumo de la sociedad norteamericana pasan a plasmarse en las piezas artísticas, Coca-Cola, latas de sopa Campbell o cereales Kellogg’s se convierten en obra de arte[9].

La posmodernidad da un paso más con el cambio de mentalidad y con la asimilación y apertura de los años ochenta[10]. Es entonces cuando nace la corriente apropiacionista como tal, una práctica que ya estaba en activo toma nombre propio: el Apropiacionismo[11]. Esta vía ya la abrió Duchamp con sus primeros ready mades y será desde esta época (hasta la actualidad) cuando se convierta en una práctica habitual[12]. Creadores como Jeff Koons o Haim Steinbach se sirven de objetos de uso cotidiano para insertarlos en sus esculturas, incluso estos artículos se convierten en la obra en sí. Desde otra perspectiva, Guerrilla Girls se apropia de los canales y soportes publicitarios para lanzar sus mensajes de protesta y luchar contra el sexismo y la discriminación en el mundo del arte. Nam June Paik nos muestra el mundo oriental y occidental desde el espectro televisivo, donde introduce anuncios publicitarios, imágenes de los medios de comunicación y otras artísticas de un lado y otro del mundo, Global Grove (1973) refleja esta globalización donde la publicidad está muy presente, e incluso omnipresente ya en los años setenta.

Los creadores se han servido de las nuevas opciones que el naciente sistema publicitario les ofrecía, adoptando posicionamientos diferentes dependiendo de su tiempo. No hay que obviar que muchos de estos artistas se han insertado en la industria publicitaria (de hecho lo siguen haciendo en nuestros días). En ocasiones, ha existido (y existe) una reciprocidad entre dos mundos tan distantes (o tan cercanos, dependiendo de la perspectiva desde donde se mire). La publicidad se ha servido de los creadores como fuente de inspiración para lanzar sus marcas y sus productos, ha sido una nueva salida profesional para muchos artistas, pero también, como hemos visto, se ha convertido en objeto de apropiación desde distintas visiones. Entre ellas, me centraré en el cuestionamiento de los valores que la publicidad en sí, y el universo y estructura que la ampara y acompaña, nos vende de una manera continuada y ya normalizada.

 

La sociedad actual impregnada en las artes visuales: apropiación de las formas del imaginario contemporáneo

La sociedad contemporánea ha asumido los roles que los medios de comunicación y las grandes franquicias nos venden diariamente. Vivimos en la era de la información (y la sobreinformación), continuamente somos asaltados por anuncios y noticias que nos acercan a nuevos hábitos y objetos de consumo, que nos incitan, sugieren, e incluso ordenan, qué desear o qué consumir para poder pertenecer a un determinado status social. El siglo XXI nos ofrece, a través de los mass media y los canales publicitarios una sobreinformación de manera masiva, llegando incluso, en ocasiones, a saturarnos. Productos socioculturales, hábitos occidentalizados de consumo intensivo, formas de ocio e incluso posibles ideologías a adoptar, o “nuevas formas de vida”. La publicidad nos invita a anhelar nuevas apariencias, como ser, como comportarnos, como vestir, alimentarnos, etc., un mundo donde los miembros de “x” sectores ingieren bebidas light, alimentos naturales (o no), poseen determinados aparatos tecnológicos, relojes, y un sinfín de productos materiales[13]. Nos incita al mundo del consumo y las apariencias con una omnipresencia de mensajes que nos inducen a un deseo constante materializado en anuncios (formas del poder). La publicidad actual ha dado un paso más para ofrecernos estas “imágenes de deseo”, nos muestran unos productos cargados de valores ansiados, el afán por la superación, libertad, belleza o elegancia se convierten en símbolo, en objeto. Se sirven de conceptos de la sociedad actual, fácilmente asimilables (y deseables) por la gran masa, y los emplean para su campaña, para hacer grande su marca, para incitarnos a entrar en su mundo, en el que ya estamos inmersos y “picamos” constantemente.

Incluso emplean estrategias donde se sirven de star systems del mundo de la moda, el deporte, el cine o la televisión para convertir sus marcas en objetos aún más deseados, llegando a convertirlos en los protagonistas de las grandes campañas, que nos marcan estilos de vida adecuados a nuestros intereses personales (los cuales, a su vez, están estudiados y asimilados por el estrato social). El ansia de poder y superación con el que convive la sociedad actual queda atrapado ante tanta sugerencia (y orden) continuada, lo subliminal se convierte en mandato, en orden directa, fácilmente asimilable por nuestra mente.

Con tan sólo un siglo de antigüedad, la publicidad se ha convertido en una herramienta de poder, en un canal permeable en la cotidianeidad de cada uno de nosotros. Una herramienta de “destrucción masiva” que nos bombardea de deseos y necesidades creadas por la sociedad capitalista en la que vivimos, basada en la competencia de mercados, quienes hacen que esta herramienta posea cada vez una mayor fuerza y consiga estar omnipresente en el estrato social. No sólo estamos percibiendo sus mensajes en las calles, camino al trabajo, a la universidad, al supermercado o al cine, sino que también se asoma en cada elemento que nos rodea, llegando incluso a invadir el espacio privado. Ahora bien, ¿hasta qué punto es estrictamente necesaria esta manipulación mediática por parte del sistema imperante en la sociedad actual?, ¿Necesitamos vivir en un mundo de deseos donde es más feliz quién más objetos materiales puede poseer (o acumular)?

Su carácter permeable y su gran cercanía (e inserción) a la gran masa, unida a su estrategia continua de venta de falsas ilusiones, la convierte en objeto idóneo (y deseado) de apropiación por parte de los creadores[14]. Éstos, se sirven del repertorio de formas que la sociedad actual les ofrece para llevarlas a un campo (y unos límites) que inicialmente no podrían concebir. Los artistas visuales se insertan en el mecanismo del universo publicitario (y los medios de comunicación),  emplean sus “trucos” y mercadotecnias para recontextualizarlos y realizar una crítica desde dentro: una crítica del poder mediante las herramientas del poder.

Los creadores se han caracterizado por plasmar la situación de su tiempo, aunque siempre unos más comprometidos que otros. Su visión, aunque inevitablemente subjetiva, es deudora del tiempo histórico en que se produce, reflejo del momento que le ha tocado vivir. Su época y preocupaciones son plasmadas plástica y visualmente, ¿y por qué no cuestionar la veracidad y la idoneidad de estas formas publicitarias que nos bombardean sin piedad?, ¿Por qué no establecer una barrera entre realidad y ficción?, ¿La publicidad y los medios de comunicación nos muestran la realidad y los artistas visuales una ficción?, ¿O sucede a la inversa?, ¿Son estos creadores quienes destapan una realidad ficticia para ofrecernos de manera explícita la “otra realidad”?, ¿Dónde está el límite?, ¿Quién es el dueño de la verdad?

Con una mirada ácida, son muchos los creadores que se han adentrado en los sistemas empleados por “el poder” para hacer una crítica hacia este. Cada escalón de la industria publicitaria es explorado, usurpado y descontextualizado para mostrar los nuevos valores de la sociedad del momento, para desenmascarar aquellos aspectos que todos conocemos (o al menos muchos de nosotros) y las grandes corporaciones “olvidan” mostrarnos. Hacen visible lo invisible, dan voz a los valores ocultos de muchas multinacionales, marcas e incluso campañas propagandísticas del propio Estado.

La firma comercial, movida y arropada por el sistema de sus franquicias y por la sociedad del momento, una sociedad capitalista que se rige por la competencia de mercados, quienes hacen posible el gran poder que estas grandes industrias, vendedoras de productos y “falsos deseos”, cobren cada vez un protagonismo más grande y tomen el poder e incluso, me atrevo a decir, el mando en determinados espacios de nuestro tiempo. Ésta (la firma comercial) se convierte en símbolo, adopta cualidades e incluso personalidades que la campaña publicitaria que la promueve le dota. Sobre este aspecto, con una mirada crítica, se enmarca No logo (2001) de Naonmi Klein[15]. La autora, magistralmente, nos acerca al mundo de las marcas y las grandes corporaciones, de los mercados, los anuncios y el marketing desde una visión contemporánea. Para ello, hace un estudio de la fuerza que estos iconos tienen en amplios sectores de la sociedad, planteándonos un itinerario por distintas firmas comerciales. Klein desarrolla (y justifica) una actitud de rechazo hacia las grandes empresas del Primer Mundo que, explotan y tienen en malas condiciones a sus trabajadores, personas del Tercer Mundo, quienes fabrican sus productos en pésimas condiciones, quienes, además, nunca podrían aspirar a consumir dichos artículos que ellos mismos elaboran.

Son muchas las obras artísticas que, en la actualidad, en el marco temporal del siglo XXI, atacan a estos símbolos creados por la industria publicitaria. Walter Robinson (Hunter-Gatherer, 2006) nos muestra dos felinos atravesados con flechas, la firma deportiva Puma se convierte en objeto de caza. Chus García-Fraile también descontextualiza estos símbolos de poder para dotarlos de un nuevo papel, despojando de este modo a los objetos de la sociedad de consumo del valor añadido que sus promociones les dan. Sneakers (Chus García-Fraile, 2002) plasma las huellas de las zapatillas de deporte de la marca Nike, calzado que normalmente viste el hombre occidental (u occidentalizado) tratando la huella como símbolo universal que representa la globalización, la presencia de Occidente en el mundo, el cualquier parte de la iconosfera contemporánea. Slaves (2005) titula Eugenio Merino a una pieza donde, el símbolo de Nike figura como una sombra repleta de ojos que nos observan, nos vigilan.

Nike, junto a Adidas, Puma o Reebok vuelven a emerger en Proyecto Asia (2005) de PSJM. Una propuesta que está en la línea de los textos de Klein, junto a los logotipos se puede leer “Made by slaves for free people”, no se trata de una nueva campaña (ni de un nuevo eslogan), es una pieza artística que enfoca su atención hacia estas grandes firmas multinacionales, a las que consideran como los verdaderos símbolos de la democracia capitalista. Éstas, nacidas en países “libres” buscan su máximo beneficio a través de la explotación de trabajadores del continente asiático, donde estas corporaciones tienen sus fábricas. Países que se alejan de la libertad individual que pretenden vendernos con sus campañas “reales” y con la imagen que éstas dan a sus productos, países donde las condiciones laborales cumplen otra legislación, e incluso carecen de condiciones sindicales del trabajador que sí tenemos en los países europeos o americanos. Esto facilita a las grandes empresas sacar el máximo rendimiento económico de sus productos, vendidos en el mundo occidental con valores vinculados a la libertad individual y al espíritu de superación, olvidándose de la manufactura de dichos artículos, obviando y disfrazando otros aspectos reales que enmascaran con valores ficticios. PSJM bajo el lema “Made by slaves for free people” ironiza los valores que realmente representan, el cinismo con el que nos venden los estilos de vida. Nuevos valores que enmascaran se convierten en visibles en estas piezas que representan marcas irreales, con ellos, PSJM nos acerca a la otra cara, desde una mirada ácida, la “otra” situación social actual, más real que el “humo” que las grandes corporaciones pretenden vendernos. Esta misma tónica vuelve a repetirse en Made by kids for kids (2007), unas piezas donde se puede ver la conocida silueta del ratón Mickey, icono y producto de Disney. En esta ocasión, la denuncia va dirigida a una multinacional que fabrica objetos para niños hechos por niños, otra dura realidad.

Coca-Cola o Apple también se convierten en “favoritas”, en objetos de apropiación que son descontextualizados y empleados con significados totalmente diferentes a los que nos venden sus campañas. Valores que no dejan de ser reales, e incluso que critican como estas grandes franquicias multimillonarias ansían tanto el poder que olvidan la otra moneda del mundo: el hambre y la pobreza. ¿Dónde está el Tercer Mundo? Always (Eugenio Merino, 2008) materializa a la perfección esta denuncia, bajo el eslogan que todos recordamos “always Coca-Cola”, propone una pieza escultórica donde un niño desnutrido de color bebe una botella de cola ligth, la debilidad del protagonista y su necesidad de ingerir alimentos se presenta frente a un refresco “fuerte” y, además, sin calorías. La carencia de los países del Tercer Mundo frente a la abundancia de los del Primero. Una imagen muy similar que representa esta dualidad la volvemos a encontrar en Apple (Eugenio Merino, 2007) y en otras piezas de este creador.

Frente a estas obras debemos plantearnos, ¿dónde está la realidad?, ¿Y dónde la ficción?, ¿Qué sucede con los valores que nos muestran las estrategias publicitarias? Sus lemas, sus imágenes y sus marcas se repiten en nuestra mente, tarareamos sus canciones, recordamos los símbolos que los representan e incluso llegamos a sentirnos identificados con “x” productos que creemos que representan nuestra personalidad, nuestros intereses y estilos de vida. Las grandes corporaciones nos sumergen cada día más en un mundo donde prima el consumo por el consumo, donde no hay cuestionamiento sobre los mensajes que nos lanzan, simplemente admiramos las imágenes que nos lanzan y las transformamos en una nueva necesidad, en necesidades creadas por la iconosfera publicitaria. ¿Han ganado la batalla estas grandes imágenes del poder?, ¿Qué sucedería si ellas dominasen el mundo? Esta cuestión la plantea PSJM con Corporate Armies (2008) donde nos muestran una escalofriante guerra corporativa. Un mundo donde, cada vez cobran más fuerza las grandes potencias, una historia que describe un mundo gobernado por las corporaciones, donde marketing y totalitarismo se unen, una muestra ficticia de un futuro próximo donde, PSJM invita al espectador a reflexionar sobre el capitalismo globalizado al que asistimos en la actualidad.

 

Conclusiones

Estos creadores, y otros muchos, nos muestran la cara de la moneda que nunca se enseña, nos acercan a un mundo real desde la ficción sirviéndose de las mismas herramientas que emplea el poder para promocionarse, pero enmarcados dentro de otro mundo muy dispar al publicitario, el del arte contemporáneo.

La publicidad, con sus herramientas, ha conseguido, y consigue, llegar a la gran masa, calar en la sociedad, e incluso normalizarse. Nos engañan con falsas ilusiones, falsos deseos y falsas necesidades. Sí, son campañas publicitarias reales, pero éstas nos ofrecen ideales con que cargan e idolatran a sus productos promocionados. Son creadoras de símbolos, de objetos cargados de ideales ansiados. Son vendedores de mentiras enmascaradas, disfrazadas y ofrecidas bajo una piel irreal. Todo un estudio que explora las necesidades e ilusiones de la sociedad de su tiempo, retomadas para ser mostradas desde una nueva perspectiva que nadie podría rechazar. Estrategias de venta dentro de un sistema capitalista regido por la demanda de los mercados, quienes hacen grandes a sus productos.

Los creadores, desde su posición como artista, desde su libertad de expresión y el poder de comunicación que les da su obra artística, se sirven de los mismos canales y estrategias que la publicidad, los usurpa, apropia y utiliza para hacer una crítica desde dentro: mensajes no publicitarios en contextos publicitarios y con sus propias estrategias. Estos creadores hacen visible lo invisible, transforman la ficción en realidad creando producciones de denuncia, fomentando la reflexión.

Obras incómodas pero necesarias.

Bibliografía

–       Anaut, Norberto, Breve historia de la publicidad, Claridad, Buenos Aires, 1990.

–       Brihuega, Jaime, “Kitsch y publicidad”, en el libro colectivo Kitsch español, Temas de Hoy, Madrid, 1988.

–       Checa Godoy, Antonio, Historia de la publicidad, Netbiblo, La Coruña, 2007.

–       Connor, Steven, Cultura Postmoderna. Introducción a las teorías de la contemporaneidad, Akal, Madrid, 1996.

–       D’Acosta, Sema, “Vezzoli, el perfume de la fama”, El Cultural.es, 01 de abril de 2011.

–       Danto, Arthur C., Después del fin del arte, Paidós, Barcelona, 1999, Danto, Arthur C., Más allá de la caja de brillo. Las artes visuales desde la perspectiva posthistórica, Akal, Madrid, 2003.

–       Danto, Arthur C., Andy Warhol, Paidós, Madrid, 2011.

–       Dorfles, Guillo, Símbolo, comunicación y consumo, Lumen, Barcelona, 1975.

–       Eco, Umberto, Apocalípticos e integrados, Debolsillo, Barcelona, 2010.

–       Eguizábal, Raúl, Historia de la publicidad, Eresma & Celste, Marid, 1998.

–       Eguizábal, Raúl, Industrias de la conciencia. Una historia social de la publicidad en España (1975 – 2009), Península, Barcelona, 2009.

–       Foster, Hal, El retorno de lo real. La vanguardia de finales de siglo, Akal, Madrid, 2001.

–       Guasch, Anna María, El arte último del siglo XX. Del posminimalismo a lo multicultural, Alianza Forma, Madrid, 2003.

–       Gubern, Román, La mirada opulenta. Exploración de la iconosfera contemporánea, Gustavo Gili, Barcelona, 1994.

–       Pérez Gauli, Juan Carlos, El cuerpo en venta. Relación entre arte y publicidad, Cátedra, Madrid, 2000.

–       Sánchez Guzmán, José Ramón, Breve historia de la publicidad, Ciencia 3, Madrid, 1989.

–       Tungate, Mark, El universo publicitario: una historia global de la publicidad, Gustavo Gili, Barcelona, 2008.

Webgrafía

–       Chus García-Fraile: http://www.chusgarciafraile.com. Revisado el 14 de septiembre de 2011.

–       Eugenio Merino: http://www.eugeniomerino.com. Revisado el 14 de septiembre de 2011.

–       PSJM: http://www.psjm.es. Revisada el 14 de septiembre de 2011.

–       Walter Robinson: http://walterrobinsonart.com. Revisado el 14 de septiembre de 2011.

 


[1] Al tratar un tema centrado en las artes visuales, omitiré el centrarme en referencias históricas de la publicidad. Para ampliar información véase: Sánchez Guzmán, José Ramón, Breve historia de la publicidad, Ciencia 3, Madrid, 1989; Anaut, Norberto, Breve historia de la publicidad, Claridad, Buenos Aires, 1990; Eguizábal, Raúl, Historia de la publicidad, Eresma & Celste, Marid, 1998; Checa Godoy, Antonio, Historia de la publicidad, Netbiblo, La Coruña, 2007; Tungate, Mark, El universo publicitario: una historia global de la publicidad, Gustavo Gili, Barcelona, 2008.

[2] Las vanguardias históricas han plasmado aspectos de la publicidad de su tiempo, la obra de Marquet, Dufy, Picasso, Braque, Juan Gris, Fortunato Depero, Ródchenko, Grosz, Höch o Duchamp, entre otros, así lo reflejan.

[3] La neovanguardia supuso un momento clave en cuanto a la apropiación de elementos de la realidad y una crítica al consumo. En este aspecto me estoy refiriendo directamente al Neodadaísmo, pero sobre todo al Pop Art. Véase Foster, Hal, El retorno de lo real. La vanguardia de finales de siglo, Akal, Madrid, 2001.  La posmodernidad, momento que linda con la era actual, es el momento de mayor libertad y experimentación artística, donde nace la corriente apropiacionista como tal, así como distintas tendencias que arremeten contra los lenguajes publicitarios (Guerrilla Girls, Jenny Holzer, Barbara Kruger, Group Material, etc.).

[4] Son escasos los estudios específicos que recogen en profundidad estas relaciones entre arte y publicidad, aunque se encuentran escritos sobre la cultura visual de masas que ponen en relación ambos aspectos. Teóricos como Jaime Brihuega, Gillo Dorfles, Umberto Eco, Román Gubern, Juan Antonio Ramírez, Omar Calabrese, Geneviève Cornu, D. A. Dondis, Thibaulth Laulan, Pérez Gauli o J. Duvignaud tratan esta temática centrándose en los mass media y las piezas artísticas. No me centraré en los acercamientos y conexiones entre arte y publicidad en siglos precedentes dado que mi estudio se centra en el momento actual.

[5] Aspecto que encontramos en Paisaje de los carteles (Pablo Picasso, 1912), Au bon marché (Pablo Picasso, 1913) o el Bodegón de Anís del Mono (Juan Gris, 1914), entre otras obras cubistas.

[6] Libros (Ródchenko, 1925) escenifica a la perfección el cartel constructivista al servicio de la revolución. Su imagen ha sido objeto de múltiples apropiaciones, Vezzoli lo emplea para insertarle la imagen de Lady Gaga para su exposición del MOCA en el año 2009 o PSJM crea su pieza Indignados en el año 2011, obra firmada por el colectivo CERREC (Crear es Resistir, Resistir es Crear).

[7] GREED, a new fragance by Francesco Vezzoli. Sema D’Acosta habla de esta pieza como “el perfume de la fama”: D’Acosta, Sema, “Vezzoli, el perfume de la fama”, El Cultural.es, 01 de abril de 2011.

[8] Véase Danto, Arthur C., Andy Warhol, Paidós, Madrid, 2011.

[9] Véase Danto, Arthur C., Después del fin del arte, Paidós, Barcelona, 1999, Danto, Arthur C., Más allá de la caja de brillo. Las artes visuales desde la perspectiva posthistórica, Akal, Madrid, 2003.

[10] Véase Connor, Steven, Cultura Postmoderna. Introducción a las teorías de la contemporaneidad, Akal, Madrid, 1996.

[11] Anna María Guasch sitúa la exposición Pictures como antecedente. Véase Guasch, Anna María, El arte último del siglo XX. Del posminimalismo a lo multicultural, Alianza Forma, Madrid, 2003.

[12] Aunque existen distintas modalidades apropiacionistas me detendré exclusivamente en aspectos derivados de la apropiación de lenguajes procedentes de los medios de comunicación y la sociedad de consumo.

[13] Véase Eguizábal, Raúl, Industrias de la conciencia. Una historia social de la publicidad en España (1975 – 2009), Península, Barcelona, 2009.

[14] Aunque la apropiación está presente en otros campos artísticos, me centraré en el de las artes visuales.

[15] Klein, Naomi, No logo: el poder de las marcas, Paidós Ibérica, Barcelona, 2001.


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Acerca de anagalarcon

Doctora en Historia del Arte, investigadora y comisaría independiente.

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